viernes, 18 de abril de 2008

INVITEMOS A SOCRATES Y SU MAYEUTICA



¿Por qué nuestros maestros realizan una practica instrumental, repetitiva y enajenante?

La respuesta pareciera estar al final del texto propuesto, no obstante para que el maestro pueda exhortar con renovado entusiasmado a sus alumnos deberá enamorarse primero él de su área, ha de abordarla con pasión, con un frenesí avasallante, con una decisión tal que sea un reto afrontarla desde todos los ángulos posibles, ideará elementos y permitirá el espacio creativo que abra las alas a sus pupilos.

La propuesta Socrática y su mayéutica viene muy bien a compaginarse con la propuesto por Platón, la indigestión de ideas y opiniones esa mezcolanza desordenada, esa entropía absurda podrá entrar en un campo armónico a través de la pregunta correcta para que cada quien explore, indague, se cuestione, busque allá adentro en el rebujo. Confronte sus paradigmas, sus preconceptos a través del análisis, la deducción de sus realidades, quizá a través de las siete preguntas universales y encuentre conclusiones, sin miedo a transitar por parajes inhóspitos a encontrar caminos distintos.

Maestro y pupilo deben ser audaces, inventar avenidas nuevas, permitir que el conocimiento entre por todos los sentidos y se extrapole con todas las realidades teniendo como centro siempre el goce de aprender.

Conozco un colegio con esta premisa: “niños felices”, abordan el universo desde la praxis, desde la granja con las gallinas y los cerdos, desde la costura y el dedal, desde la cocina. Desde el riachuelo con piedras que forman figuras caprichosas y plantas que se entrelazan, desde casa del árbol donde sus fantasías se lanzan al espacio. Desde las verdes praderas de un campo tranquilo ajeno a la ciudad. Desde el cuento, desde el barro, desde el agua que corre por las ventanas cuando las nubes se precipitan en la tarde tranquila. Desde los muñecos de trapos que fingen ser figuras y reposan sólo en la mente de cada quien. Desde los rincones secretos donde traviesos ven pasar los días, desde la traviesa ardilla que roba la galleta del bolsillo del niño.

Los niños son formados pensando en el desarrollo de su cerebro sin la penosa tarea de memorizar nombres de presidentes o capitales Desde los juegos asociativos, la música, la danza, las caminadas de reconocimiento de la que es testigo el gigantesco caucho que habla con el viento. Finalmente estos muchachos alocados que gozan del verde crecen y aprenden más que información a ser recursivos, con una agradable método y cuando llegan a la educación formal del sistema algo mágico pasa, se adaptan, sus cerebro esta listo para abordar esa otra forma de conocimiento.

Luz Marina Hoyos Duque